• Javier Ortega Allué

SOBRE LAS TÉCNICAS


Mantengo sin saber por qué una personal querencia por los números redondos, y el que preside la portada de este ejemplar lo es. Los números redondos reflejan el logro del trabajo continuado de muchos, y la persistencia voluntariosa en el tiempo de intercambios fructíferos y de una creatividad que no afloja en su exigencia.

Sevilla ha sido la última ciudad que puede dar testimonio de todo ello, tras la celebración del XXXV Congreso Nacional de Terapia Familiar. En Sevilla hemos visto hacerse real aquel cuentecillo que narraba Minuchin del aprendiz de samurái, al que su maestro le enseñaba las artes de la espada para condenarlo luego durante varios años a entrenarse en las más delicadas sutilezas del uso del pincel. Y no otra cosa me parece a mí que sea eso del pincel y la espada que teoría y técnica o reflexión y acción, y de lo cual se ha hablado por extenso en la capital andaluza, con rigor y aprovechamiento.

Decía Nietzsche que los hechos sin teoría son estúpidos. Aunque deberíamos tal vez añadir que no puede haber hecho sin teoría, siquiera sea ésta implícita y soterrada. Lo mismo sucede con las técnicas, activas todas ellas, pues tiene como fin movilizar; y así evitamos la redundancia de unir a la palabra el calificativo que denota actividad, cuando cualquier técnica lo es o aspira, al menos, a serlo.

Quede pues dicho de una vez: toda técnica está al servicio de una teoría, o al amparo de una hipótesis. Toda técnica es hija de un análisis -o de una interpretación-, y consecuencia del mismo.

Saquemos, pues, a los aprendices de samurái del error que les lleva a pensar que adquirir técnicas les prepara para afrontar con éxito las complejidades de los sistemas relacionales, y aboguemos, como desde estas mismas páginas nos invita a hacer Linares, por una terapia inteligente, donde el movimiento de la espada sea tan elegante como el trazo aéreo del pincel. Los profesionales disponemos de un enorme arsenal de técnicas, algunas ya talluditas y, sin embargo, eficaces como si fueran recién estrenadas; otras de ingeniosa novedad, unas más emocionales, estas otras más pragmáticas y aquellas, finalmente, más cognitivas.

Técnicas hay muchas, pero lo realmente trascendental es la mirada y los recursos que posee y ha ido adquiriendo en su praxis vital la persona que el terapeuta es, y que pondrá en marcha en esa acción compartida que llamamos terapia.

Editorial de Mosaico,

nº 60

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