• Javier Ortega Allué

Idealización de la historia


Ocurre siempre con los acontecimientos del pasado, que alzamos como hitos de nuestro brillante presente o de nuestro aún más preclaro porvenir: olvidamos la sangre, los muertos, los exilios silenciosos y la marginación onerosa, para quedarnos con el decorado brillante, con la carcasa que el público quiere contemplar. No se muestran las bambalinas ni se mira de frente al horror; ni las pequeñas deslealtades ni la bajeza moral quedarían bien al ser expuestas en el medallero de los sacrificados héroes.

Mañana, cuando se hable de nuestra época, se admirarán de los avances de la lengua, pero se olvidarán de la presión a que nos sometieron con suave férula, la vil y mediocre presión de los mediocres. Se citarán en los libros las irrenunciables conquistas realizadas al calor del fuego patrio, que es como se llama ahora al espíritu del rebaño; pero olvidaremos a los delatores y a los aprendices de inquisidor que nos rodearon entonces. Cuando el pueblo víctima avanza con firme paso por las avenidas de la historia, el individuo debe callar; o calla o será silenciado. El pueblo siempre tiene la razón, te dicen los líderes. La nuestra, olvidan decir. Esta es la férrea ley de los vencedores. Vae victis!


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