• Javier Ortega Allué

Duelo, ritual y supervivencia (2ª parte)


Las conocidas etapas del proceso del duelo se van a recorrer con un ritmo diferente al que describen los libros sobre el tema. Por algunas vamos a transitar con mayor velocidad, porque por ejemplo la negación del “no me puedo creer lo que ha sucedido” se ha transformado en rabia y se ha externalizado como crítica social hacia los gobiernos o hacia el sistema; en cambio, la etapa de la resignación y de la aceptación final nos va a costar más, porque va a suponer el añadido de otras pérdidas, como la pérdida de seguridad, de estabilidad económica o, para una generación de jóvenes, la pérdida o difuminación de un cierto futuro. Vamos a tener que trabajar con el tema de la culpa, la búsqueda de un culpable externo, la ira, la rabia y la violencia… Esta proyección o externalización es natural, pero se ha de ubicar socialmente sobre algo o alguien.


Y otra cuestión que los terapeutas tendremos que trabajar con los clientes es el tema de haber perdido algunas oportunidades en la vida de decir las palabras necesarias. El tema de las oportunidades perdidas a muchos niveles, el no pude estar, no pude cuidarlo, no le pude decir adiós, no pude decirle- cuando aún había tiempo- que lo quería


Por otra parte, esto seguramente tendrá una incidencia positiva. Lo positivo de todo esto va a ser la revaloración de muchas cosas que tenemos al alcance de la mano y a las cuales no dábamos demasiado valor hasta ahora.


Vamos a tener que atender un duelo diferido, se ha tenido que dejar congelado hasta que pase la pandemia, en cierta medida congelar el ritual, que es un ritual de reconocimiento de la persona fallecido y del dolor de los deudos, y un ritual de encuentro social. Hay que rescatar que no ha sido una muerte inútil, que ha dado algún tipo de aprendizaje valioso para los supervivientes, la última lección que han dado nuestros muertos. En los momentos álgidos de la pandemia hemos sido testigos de un dolor que se ha tenido que vivir aisladamente con el solo apoyo de las conexiones a través de la red telemática. Ahora habrá que volver a hablar mirándonos a los ojos.


Con desaparecidos políticos, los terapeutas que trabajan en estas cuestiones usan una técnica muy sencilla que se basa en poner a familiares en una mesa redonda, y se habla acerca del desaparecido, y se hace como una especie de carta que sirve de ritual. El dolor se comparte, pero también se recuerdan los buenos momentos, las aportaciones que hizo quien no está, su vitalidad, sus ilusiones, su vida. Y se acaba escribiéndole una carta donde se vierte este agradecimiento. En muchos pueblos de España se hace una comida después del funeral. Como he dicho, la muerte es un hecho relacional.


Una de las cosas que hay que hacer después de la pérdida es recomponer la historia. Este tipo de técnicas ayudan a darle una continuidad a la historia familiar, a reubicarnos otra vez en la historia de la familia. Ayudamos a co-construir con los pacientes para que el cliente recuerde lo que no se dijo como algo importante para él. Como he señalado antes, el muerto es para el que se queda vivo, y somos nosotros los que tenemos que recuperarnos de la pérdida.


En este punto va a pasar lo que pasa en todos los procesos de duelo, las respuestas que va a dar la familia van a ser diferentes en función del rol que ocupaba, la edad, el nivel de individuación y diferenciación familiar… En estos duelos de futuro es importante que tengamos en cuenta cómo han afrontado los duelos del pasado. Vamos a ver que todo esto va a seguir activo en los duelos que van a venir en el futuro.


En familias con un suicida, siempre hay una persona que es el elemento diana, el portador del sufrimiento. En la pandemia los elementos diana están siendo los mayores, los abuelos. Buscaremos seguramente culpables que sean la diana de nuestro malestar. Algunas personas van a confiar en que se produzca una renovación social, que va a ser a lo mejor más a nivel individual. Antes era fácil explicar lo que pasaba, teníamos una explicación (la religión, el pecado, el castigo, la expiación y la renovación). Ahora hay quien hace una lectura parecida en su esquema explicativo: hemos abusado de las capacidades de la naturaleza y ahora padecemos por causa de nuestro afán depredador. Lo pequeño aniquila a lo grande. Este es un aviso para que cambiemos. Estamos a las puertas de una religión laica, pero eso ocurre porque los seres humanos no podemos vivir en el sin sentido y tampoco sin un suelo de creencias sobre el cual levantarnos.


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