• Javier Ortega Allué

UN CUENTO GRIEGO




Hace muchos siglos, en la antigua Grecia, reinaba entre los locrios un monarca llamado Zaleuco, quien asistía con preocupación creciente a los gastos exagerados que se producían entre los suyos, amenazados por ello con la ruina inminente del reino. Para conseguir controlar el desmesurado despilfarro de sus súbditos, decidió dar pocas pero claras normas. Ordenó, así, que cualquier mujer pudiera ser atendida por muchas doncellas, siempre y cuando estuviera borracha, y también que las damas de la alta nobleza cargasen con todas las joyas y lujosas vestimentas que quisieran, siempre que ejercieran la prostitución. Igualmente, permitió que los hombres se adornaran el cuerpo con medallones de oro y macizos collares de plata, y que se llenaran los dedos de sortijas, siempre que fueran proxenetas. De la noche a la mañana, aquella prodigalidad desapareció como por arte de magia, con el manso asentimiento de los súbitos, quienes obedecieron sin rebelarse contra el príncipe mandón, porque nadie les había obligado, aparentemente, a nada.

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