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Los beneficios de la supervisión de equipos (6)

3.26.2018

 

Como supervisor, mi trabajo consiste en activar las competencias del equipo o del operador que consulta. De la misma manera que las familias no pueden funcionar con mis patrones de funcionamiento, que sólo utilizo en terapia a modo ilustrativo, tampoco los operadores pueden hacerlo. El supervisor no es un meta-terapeuta bajo cuya capa se cobija un saber del que carecen los operadores.

 

Antes al contrario, el supervisor efectivo tiene una genuina confianza en las capacidades propias de cada operador y su función es hallar el modo de activarlas.

 

Una manera de hacerlo es invitando al operador o al equipo en supervisión a que cambie su forma de relacionarse con las familias que tienen a cargo. Hay que mirar y escuchar de otro modo, atendiendo a lo anodino, a lo que no parece tener importancia, amplificando las diferencias y los momentos competenciales que en ocasiones las familias manifiestan. Hay que tener el oído entrenado para captar las metáforas con que las personas desvelamos nuestra visión del mundo y poseer la capacidad de estirar de esas metáforas para llevarlas a resonancias que la familia nunca hubiera sospechado, a fin de ampliar las fronteras de lo que son, sienten y hacen.

 

Conviene también que el operador evite las grandes tentaciones que acometen a menudo a los terapeutas y a otras clases de profesionales asistenciales, a saber: la tentación de tomar a cargo a las personas a quienes atienden, aceptando de forma completa la delegación a la que las familias nos invitan. Esta tentación viene propiciada por una mirada que centra su atención sobre los déficits más que sobre las competencias. ¡Cómo no voy a aceptar sostener a estas personas que se muestran tan carenciadas! Esto es fruto de un paradigma que reclama que la experticidad está sólo en uno de los dos lados de la mesa, como ocurre necesariamente en el modelo médico y su focalización en la enfermedad.

 

 Pero esto no es cierto en el trabajo que nosotros hacemos. La Experticidad está bastante bien repartida, igual que las competencias. Hay que evitar la tentación de creer que uno lo sabe todo y que, como experto psicólogo que es, lo es en cualquier tipo de actividad mental, creencias, sentimientos etc., que los usuarios experimenten.

 

La hybris o desmesura terapéutica o profesional da como resultado que unos operadores, en principio entusiastas, se vayan quemando, volviéndose escépticos respecto de sus capacidades reales y renunciando de veras a sus propias competencias, las cuales quedan sepultadas bajo la idea de que para ser buenos profesionales deberían saberlo todo y hacerse cargo de todos y en todo momento.

 

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