• Javier Ortega Allué

EDITORIAL MOSAICO 82



La migración es un proceso de largo alcance histórico, ante el cual no parece lo más oportuno cerrar los ojos y mirar despreocupadamente hacia otro lado. Millones de personas se mueven de manera creciente buscando lugares donde poder establecerse, vivir y prosperar en el mejor de los casos; sobrevivir en el resto, huyendo a menudo de guerras, hambrunas, catástrofes naturales y otras provocadas por la codicia de otros seres humanos. En cierta medida, podemos asegurar sin temor a errar que hoy se cuenta como minoritario y hasta excepcional el grupo humano que no haya vivido alguna forma de migración en su seno y, por tanto, no haya padecido todos los procesos que acompañan a esta circunstancia vital: duelo, pérdida, añoranza, estrés postraumático, situaciones que, a menudo, ponen en peligro la vida y someten a los individuos a condiciones inhumanas y hondamente dramáticas… Como toda circunstancia humana, la migración tiene un haz y un envés, unas ganancias en la cuenta del haber y unas pérdidas en la del debe. Y no siempre, por desgracia, la cuenta se equilibra.


De este asunto tratamos en nuestro monográfico, muy bien coordinado por Aliety Fernández, que cuenta con la firma de profesionales de gran prestigio y pericia en el tema, lo que hace aún más valiosa, si cabe, su generosa aportación. Y no sólo por su contribución teórica, sino a menudo vivencial también. Un número no pequeño de colegas con los que hablamos habitualmente o los mismos autores escriben en estas páginas de MOSAICO fueron o mantienen aún su condición trashumante, de homo viator, que forma parte de la cultura de la Humanidad desde, al menos, los tiempos míticos de Adán y Eva. Por lo que sabemos, migrar es, en el fondo, un condicionante cultural en la vida de las personas, más frecuente de lo que a primera vista pudiera parecernos. Basta que ampliemos el foco desde el individuo a su historia transgeneracional para poder captarlo en su efectiva plenitud.


No quisimos dejar pasar, pues, la ocasión que se nos brindaba para compartir de qué forma se está trabajando en diversos continentes un tema tan actual y tan permanente. Y de qué modo la mirada relacional sistémica aporta el elemento contextual, ético e incluso político que nos ayuda a comprender mejor la complejidad de estos procesos en que se aúnan a un tiempo el sufrimiento con las fortalezas, las carencias con las competencias, el bienestar psicofísico con el malestar social y económico que concitan estos procesos. No cabe que estas situaciones pasen desapercibidas a los psicoterapeutas y otros agentes sociales que trabajan para fomentar el bienestar humano, la equidad y la dignidad de los individuos y fortalecer sus sistemas de pertenencia. Y menos aun cuando la migración va a conformar la línea de horizonte de un futuro que se aproxima a grandes zancadas, requiriendo de nosotros, los profesionales, la aceptación de los nuevos retos que ello habrá de suponer.


No quiero terminar sin hacer llegar una invitación a los miembros de las sociedades que componen nuestra Federación para que se animen a participar en el próximo V Congreso Ibérico y XLI Congreso de FEATF, que se celebrará en Madrid entre los días 10 y 12 de noviembre, y tratará sobre las familias en el siglo XXI y los desafíos que ello supone para la terapia familiar sistémica. Ocasión de vernos de nuevo y de intercambiar conocimientos y experiencias y también, por qué no, ocasión para contribuir con vuestras aportaciones a que Mosaico siga creciendo y haciéndose eco de las intervenciones más punteras en nuestro ámbito de trabajo. Conviene que no olvidemos lo que dejó dicho Kant: Sapere aude. Pues eso: Scribere aude.

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